La cabeza de los humanos es tonta, piensa y hace cosas que tal vez no son las mejores para uno mismo, y actuamos y actuamos pero al fin y al cabo a nosotros mismos no podemos mentirnos. Siempre tendremos frente a nosotros a ‘’La Verdad’’. Sí, a ella, la que se sienta con las piernas cruzadas y con la mano te saluda. Y la que a veces ignoramos, le tiramos cosas encima, maquillamos, vestimos, la volvemos una gran puta. Pero al otro día, en el mismo momento, es ella de nuevo, sentada, tranquila y desnuda. Hermosa y simple con su sonrisa infinita, siempre saludándonos. Esperando que hoy no la vistas y la dejes ser ella misma.
Querida verdad mía, yo te veo así. Sé que te va a doler saber esto, pero a ti no te puedo mentir: Te he querido encerrar en un baúl, dejarte a oscuras e irme sin que me veas para que no me puedas volver a buscar.
E n ti no funcionan las películas, las amigas, los chocolates, el alcohol ni la manzanilla. Por más que te los tire en la cara volteo y eres la misma. Y a veces ya no te quiero y me molestas porque siempre eres igual. Otras veces te amo porque pase lo que pase, haga lo que haga, cuando regrese casa podré colocar mi cabeza en tu regazo y sin decir una sola palabra entenderás todo.
Tú, querida verdad mía eres incansable, tienes energía infinita para mover tu fina mano y saludarme toda la vida. No te pesarán los huesos nunca y seguirás intacta mostrándome el camino siempre. Jamás te resentirás conmigo a pesar de las cosas malas que te haga. No me reclamarás, ni llorarás y aunque no te mire en meses cuando regrese estarás igual de cálida, amable.
Cuando te miro. Cuando te acepto, me abrazas, me calmas, en silencio me cuentas la historia del mundo y en uno de tus largos cabello me arropo, me encojo y desaparezco.
¿Sabes que siempre voy a regresar a ti, verdad? Ten esa certeza por favor. Así como la que yo siento al saber que siempre podré encontrar en ti respuestas.