En mi clase de inglés de la universidad todos nos estamos acostumbrando demasiado a todo. Generalmente en los grupos pequeños de estudio todo el mundo se conoce de vista y tal vez de apellido por escuchar la asistencia cada hora pero eso no asegura una amistad igual de genérica. El hecho es que cada uno ha interiorizado su posición en el aula como si fuese la escuela. Desde hace varias clases los sitios dejaron de rotar y fueron marcados por un cartel invisible de pertenencia para cada uno. Por motivos desconocidos, el joven silencioso que capturó mi atención, desde hace unas semanas se sienta ahora religiosamente a mi lado.
Aquel joven silencioso (o no tanto)
Tiene un rostro tranquilo y la mirada inteligente pero distraída. Tiene apariencia de intelectual artístico, gafas, cabellos claros revueltos, semblante cansado y chompas demasiado grandes y rotas en los puños de puro desinterés. No habla, solo respira.
Lo que más me llamó la atención de él fueron las increíbles y profundas heridas de tamaño considerable que tenía en las manos. Como si hubiese tenido algún accidente hace ya varias semanas por el grado de cicatrización. Creo que puse la cara más descaradamente compasiva que jamás se me haya escapado y miré a su lado como de manera nerviosa jugaba con sus heridas aún no curadas. Debían molestarle mucho en ese momento. No podía hacer otra cosa más que imaginarme cuanto le habían dolido hace algún tiempo y las múltiples opciones en las que se las pudo haber hecho. Pasé de imaginar desde un accidente automovilístico hasta una caída por las escaleras más horribles del universo llenas de grietas creadas especialmente para herir aquel joven tan nacido para no tener heridas. Me dolían a mi más que a él porque sentía la necesidad de cuidarlo. Esas manos no merecen más agravio que el que las rosas producen en los corazones de las cándidas niñas. Tenía tantas ganas de decirle ''pobrecito, cómo te hiciste todo eso?, pero solo pude continuar con esa mirada grosera.Aquel joven silencioso (o no tanto)
Tiene un rostro tranquilo y la mirada inteligente pero distraída. Tiene apariencia de intelectual artístico, gafas, cabellos claros revueltos, semblante cansado y chompas demasiado grandes y rotas en los puños de puro desinterés. No habla, solo respira.
Está en su mundo de de historias asombrosas (debe ser escritor) y pensamientos puros así que no nota nada.
Ayer después de mucho tiempo me concentré de nuevo en su presencia. Miré mi par de manos favoritas y ya no encontré las costras que con ansiedad antes tocaba, sino múltiples cicatrices más claras que su tono natural de piel. Ya no necesitaba curarlo de nada más que de ese dolor físico guardado que me gustaría escuchar.
Esta vez no fueron sus manos, sino su respiración lo que me hizo inquietar. El joven de las manos heridas perdió su título para llevar ahora el nombre de la respiración más problemática que he escuchado en toda mi vida. Tan fuerte que es insultante, tan acelerada que no puede dejar de perseguirme. Y no es que sea una respiración enferma sino que de lo contrario es demasiado viva. Tomé dos clases en detectar de donde venía. ¿Acaso nadie la escucha a pesar de que parece amplificada por altavoz y a pesar de que taladre la mente? Yo la escucho todo el tiempo que estoy a su lado, es imposible no escucharla porque es cínica. Sin embargo, si vez su rostro, cualquier afirmación sobre la pertenencia de esa respiración dramática a él, se borra. Su rostro siempre mantiene la paz total y ese cansancio que parece agotar a cualquiera menos a él. Pero a mi no me engaña, ya tengo experiencia con aquel joven maravillosamente intrigante. Ya pasé por lo de sus manos (que aún recuerdo) ahora creo que de el podría esperar cualquier cosa, por eso sé que él es el dueño de ese respirar vivo y a la vez moribundo que me tortura. Descarado. ¿Acaso todos alrededor se volvieron sordos por no escuchar todo el misterio que arrogantemente expandes sin cambiar tu rostro en perfecta armonía? Pues yo te escucho y sé la historia de tus manos. No tengo idea de que más esperar de ti. De seguro tu respiración no es tan sana como pienso. Algo así debe ser. De lo contrario soy totalmente sensible a las respiraciones problemáticas de dueños cuyas manos han sufrido mucho. Nadie me va a creer esto excepto tú. Por cierto, esa respiración acelerada no afecta el movimiento ágil de tus manos antes convalecientes. Terminas lo ejercicios antes que yo. Bueno... tomándome como referencia a mí no gano mucho....ciertas sensibilidades extraordinarias que poseo o ciertos jóvenes-escritores-manos-rotas-resp
No hay comentarios:
Publicar un comentario