Frases a media voz que no llegan a susurros, ganas de rodar y rodar indefinidamente en el pasto y sonrisas contruidas a base de pura musicalidad y manzanillismo :) Aunque el minimalismo se pierda, está seguro que iré a buscarlo.


domingo, 16 de enero de 2011

La palta redonda

Debo admitir que me dejé ganar por el tiempo y convertí lo que era una gran idea en algo pequeñito y mal expresado. Pero aun así lo posteo. Escribí esta mini historia para un concurso de cuentos de la universidad. No me sentía muy libre porque tenía muchas ideas y solo se me permitía escribir 3 páginas lo cual me parece muy poquitoo ;___________; por eso terminé escribirndo algo totalmente diferente a lo que imaginé :( Esta es la ¨La Palta Redonda¨ escrita minutos antes del cierre de la entrega de trabajos para el concurso, más adelante postearé un remake totalmente diferente con el mismo título (pero que si valga la pena)ahhaha ;D

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El brillo que emitía, el color intenso y su perfecta representación de la luna llena me capturó. Pero tuve que ocultarlo un poco, para no demostrar mi ‘’rareza’’. Es cierto, aunque parezca extraño siempre tuve afición por lo natural y aunque luchaba por abandonarlo, era parte mía. Solían escurrírseme sonrisas cuando contemplaba un fruto o cuando caminaba por el pasto. Era como si cada vez que tocaba una planta, me llevara en las puntas de los dedos la alegría de todo el universo. Era lo que yo considera belleza, era lo que más admiraba en el mundo.
Ocurrió hace muchos años, cuando aún yo era un joven despreocupado, cargando solo mis ganas de vivir y de escaparme de la casa la para ir a dormir bajo un árbol o pasear por el río para escuchar ese violín que alguien tocaba del otro lado. Pasaba horas imaginando a aquella persona desconocida. Solía pensar que era una hermosa joven de cabello largo cuyas pestañas se movían al ritmo de la música tan hermosa que tocaba. Otras veces me imaginaba a un muchacho como yo interpretando esas melodías. En fin, podía ser cualquiera y no me interesaba tanto como para cruzar el río.
Visitaba de tarde hasta la noche lugares que se volvían muy oscuros cuando el sol se retiraba. A pesar de las prohibiciones de mi madre de regresar, siempre encontraba una buena manera de terminar caminando por aquel oscuro bosque que no me producía ni un poco de miedo debido a lo mucho que lo conocía.
Un día ordinario decidí conocer a la talentosa doncella o ganarme un nuevo amigo con quien conversar sobre nada importante y fue así como crucé el río. Una casita de esteras y cartones fue todo lo que divisé y me acerqué a la opaca luz que tenía en la puerta. Descubrí que no había ninguna jovencita ni mucho menos un contemporáneo. En la entrada había un anciano muy humilde, vestido con ropas rotas, sin color y muy anchas. Se encontraba cubriendo con esmero en una franela roja el instrumento antiguo que tantas veces lo había escuchado interpretar. Me saludó con amabilidad, hasta se podría decir que con entusiasmo y sin conocerme me invitó a pasar a su hogar. Le pregunté el porqué de su amabilidad y si no tenía miedo, al fin y al cabo no tenía ninguna garantía de mis intenciones.
‘’Nada guardo ni protejo y me gusta conversar. Aquí paso horas conversando con mi música. Una conversación humana no me haría mal. El tiempo pasa rápido y aquí todo es tranquilidad, soy una buena y pacífica persona, ¿qué mal he de esperar? Yo vivo de lo que pienso y como lo que mis manos me pueden dar. Pasa compañero, algo muy bueno te he de invitar. ’’
Me reí en pensamientos de las palabras de aquel viejo tan tranquilo y acepté su invitación. Luego de dos meses me sorprendí visitándolo más de una vez a la semana, se había convertido en una rutina de ambos. Él tocaba como siempre y yo sin estorbarle, callado lo escuchaba desde alguna esquina, luego en la parte trasera de su casita recolectábamos las frutas y vegetales que encontrábamos para comer. Me gustaba mucho hacerlo y sentía que de alguna manera ayudaba al viejo a que no se agache tanto, a pesar de que nunca lo escuché quejarse de algún dolor yo solía imaginarme las protestas de su espalda cuando con toda la paciencia del universo se agachaba a recoger los limones o naranjas que observaba uno a uno como regocijándose en ellos. Un día lo escuché decirme algo mientras sus manos recorrían un fruto grande:
’’Ahora mismo en nuestras almas hay partes que se descascaran. Otros mundos se evaporan, más tú te solidificas. Descubre aquello que diligencia siempre has dejado en una esquina. Libera esa pasión que con tanto celo guardas. No existe maldad en lo que con sinceridad se acepta. Si tu alma galopa con solo observar la vida, ríe y vuela con ella. Toda esa ‘’belleza’’ que nos rodea, es tu virtud porque son tus ojos quienes la atrapan.’’.
Se volteó y me entregó una esfera perfecta, brillante, increíble. En ese momento me invadió una emoción cálida y recordé cuando en mi infancia me enamoré de una manzana. Esa es la emoción más antigua de aquellos años pasados que quedó grabada en mi mente. De mi árbol favorito logré bajar por primera vez una manzana, tenía mucha hambre. Al verla lo primero que pensé era lo hermosa e increíble que era, quedé fascinado por ella. Era rojísima y brillaba entre mis manos como susurrándome cosas maravillosas. No tuve el valor para comerla. El sentimiento de gozo inexplicable que me ensanchó el pecho, me redujo el estómago. Volví en mí mismo, contemplé lo que tenía entre mis manos y con los ojos brillantes y un nudo en la garganta descubrí que era una palta perfectamente esférica. ‘’Vayamos adentro’’ le dije al viejo, con una voz que no reconocía como mía. Nos sentamos en la humilde mesita e ignorando las lágrimas que en mi alma corrían, corté la esfera más hermosa del universo y convertí la perfecta luna llena en menguante. Como fuera de mí mismo la serví para ambos y observé al viejo dar el primer bocado. Para ese entonces ya lo sabía todo y observé como el viejo desaparecía. Ahora solo éramos la naturaleza, el universo y yo. Esa noche lloré como un niño pequeño, por ratos indefenso, por ratos feliz y omnipotente. Terminé de comer mi parte de aquella palta hermosa y comí también la parte que abandonó el viejo antes de hacerse uno con el viento. Él, aquella naturaleza, la esencia que se personificó para hablarme, guiarme de la mano a descubrirme y aprender a confiar en lo que más amo y creo con toda el alma.
Desde ese entonces, escucho todo el tiempo. Y aunque ya no se personifica mi compañero, vive en mí y en el universo. Su hermosa música está por todos lados.


Yo soy lo que pienso, vivo de lo que siento y cuento mi historia a todo aquél que la quiera sinceramente escuchar.

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