Hoy vamos a morir y a matar las situaciones falsas que pinté con esperanzas fingidas y que hoy se me resbalan entre los dedos como retazos de ilusiones amargas.
Hoy voy a dejar de instalar en mi mente imágenes diseñadas por mi imaginación amante de la belleza descuidada.
Hoy vas a florecer y a demostar lo que esconde tu alma.
Y en silencio, pondré de fondo el negro intenso de tu mirada tranquila y profunda, originada en universos alternos de sabiduría (aquellos que siempre visito cuando te busco y aquellos que me confunden cuando te encuentro).
Te voy a confesar que aquella vez que descubrí tu ojos negros, abandoné el alma es una esquina inadvertida y al regresar por ella sentí verguenza. ¿Cómo lograste que me desconectara? A mi me parece que no tienes idea de lo que haces sin hacer nada.
Vamos, ven. Tus cabellos negros no me dejarán perderme esta vez. Ven con tu figura ligera y ayúdame a ahorcar todas las palabras semi-ahogadas en mi garganta. Ya es tiempo de terminarlas. Démosles una segunda oportunidad, que demuestren si no valen la pena, o si tienen la valentía suficiente para ser lanzadas.
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